Forex, Dónde Se Mueven Billones De Dólares Diarios

comercio Por otra parte, es difícil determinar la cantidad de niñas y niños jornaleros agrícolas en el valle de Mexicali, ello por varias razones: laboran con su familia y en poco más de la mitad de los casos, es el padre o la madre el trabajador contratado; quienes ya tienen una relación laboral directa aparecen en las listas de los jornaleros por su nombre y, por supuesto, no se especifica que son trabajadores infantiles; algunos jornaleros cambian con frecuencia de compañía junto con su familia, buscando mejorar sus ingresos económicos; y hay menores que asisten unos días a la escuela y otros a los campos de modo irregular. La entrada masiva de mujeres y niños a relaciones salariales agrícolas bajo contrato o convenidas, se explica por dos factores decisivos: la crisis económica que obliga a trabajar a más miembros de la familia para aumentar el magro presupuesto, y la existencia de un mercado laboral capitalista demanda una mayor cantidad de jornaleros en los cultivos hortícolas, y que incluso por ciertas características propias de la mano de obra femenina e infantil, pueden desplazar en algunas áreas a los varones adultos (Barrón, 1994:96). Al volverse parte del conjunto de asalariados, mujeres y niños presionan a la baja los salarios de los trabajadores hombres adultos.

Este organismo se llama Aduana y está encargado de controlar los flujos de entrada y salida de bienes a través de la frontera y de la aplicación de impuestos (tasas o tributos) que determine la ley. Las familias jornaleras, igual que las del valle de Mexicali, aceptan la aplicación de la ley respecto al trabajo infantil, pero a la vez, para hacerla posible, requieren del mejoramiento de los salarios, las condiciones de trabajo, la infraestructura de salud, escolar y de guarderías, la impartición de justicia, entre otras cosas, en una clara comprensión de ver el problema de manera integral. En este sector moderno de la agricultura capitalista ligada a los mercados de exportación, se encuentran familias enteras trabajando en el valle de Mexicali, principalmente en labores de recolección y “amarre”, y en parte del proceso de producción previo al empaque, precisamente en etapas en las que no se puede hacer uso de aparatos mecánicos, sino que las tareas son manuales por excelencia, tareas en apariencia simples y livianas, si no tomamos en cuenta las largas horas que requiere la actividad y su monotonía agotadora poco atractiva y estimulante para el desarrollo físico e intelectual de los menores. – es que las iniciativas de este tipo no constituyen en sí mismas una alternativa de desarrollo local.

El ejercicio de un trabajo repetitivo, las largas jornadas, la intensidad y monotonía del trabajo, dañan seriamente el organismo infantil, pueden deformar sus huesos, y la concentración visual, dañar sus ojos; por su desnutrición, son más vulnerables a las enfermedades infecciosas y están propensos a accidentes de trabajo. Y si hablamos de riesgos, los niños y niñas trabajadores, dice la OIT, están implicados en 12 millones de accidentes de trabajo al año, de los cuales una media de 12 000 resultan mortales.6 Por supuesto que esta estimación es muy baja respecto a la realidad, pues debido a que se trata de una situación ilegal, el registro “oficial” de los casos es mucho menor. Aunque todavía no se ha tomado ninguna decisión al respecto existe una gran presión, para que Estados Unidos acepte esta iniciativa. En el mercado de trabajo del valle de Mexicali, el “amarre” de las cosechas es la tarea menos recompensada, pero a veces ante las pocas opciones de trabajo en el campo, toda la familia trabaja como “amarradores”, aunque en ocasiones pueden realizar otras tareas de acuerdo con la división del trabajo en los campos; ya sea como regadores, cajoneros, acomodadores, etcétera. Y Baja California es parte de estas estadísticas; de ello es ejemplo el accidente ocurrido en el mes de julio de 1999 en el valle de San Quintín, donde murieron 13 jornaleros agrícolas, entre ellos dos niños de 7 y 8 años, además de que hubo numerosos heridos, tanto adultos como menores.

Cabe mencionar que los menores trabajan muchas veces como jornaleros agrícolas migrantes fuera de sus estados de origen e incluso en los Estados Unidos. En las luchas de organizaciones de trabajadores agrícolas en contra de las grandes compañías, destaca la que se libró contra la transnacional Campbell’s por la explotación de los migrantes y sus hijos, denunciando “las ganancias de Campbell’s a costa del trabajo de niños”. Como ya se mencionó, se considera que un gran porcentaje de la infancia trabajadora se dedica a las labores agrícolas. El Centro Mexicano para los Derechos de la Infancia (Cemedin), señala que en el Encuentro de Trabajadores Agrícolas México-Estados Unidos, realizado en México en 1988, el Comité Organizador de Trabajadores Agrícolas (FLOC, por sus siglas en inglés), denunció que más de un millón de niños y jovencitos hijos de inmigrantes mexicanos, son forzados a trabajar en granjas estadounidenses prácticamente como esclavos, sin posibilidades de ir a la escuela y con la violación permanente de sus derechos laborales. Uno de los efectos del trabajo infantil es el daño que causa a niñas y niños en su desarrollo físico, psíquico y social, así como a su salud y a su vida en general.




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